Madrid habla desde lugares como éste, la cárcel de Carabanchel, donde entre niebla y lluvia vieron pasar horas, días y semanas muchas personas de distintas procedencias, creencias e ilusiones.
Torretas y puestos de vigía cuidan y cautelan la post-vida de Carabanchel. Silenciosas pero atentas a los movimientos de sus nuevos reclusos; reclusos que cumplen su condena a que el tiempo les olvide.
Entre cartones y trapos esperan, duermen, viven o al menos lo intentan. Mientras, fuera de sus paredes -lienzos que alojan firmas y reivindican su existencia- la vida pasa indolente.

1 comentario:
Hola Gonzalo! que bien que comenzaste tu blog...lo estaré visitando.
Saludos
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